El 19 de octubre de 1944 nació Winston Hubert McIntosh, el músico jamaicano que el mundo conoció como Peter Tosh.
Fundador de The Wailers junto a Bob Marley y Bunny Wailer, construyó luego una carrera solista marcada por la defensa de los derechos, la libertad individual, la identidad africana y la crítica al poder.
Aunque su cuerpo trascendió en 1987, su obra, sus expresiones, planteamientos y preguntas siguen abiertas en 2026, desde la criminalización del cannabis hasta los discursos de odio, los conflictos internacionales y la tendencia política a exigir paz sin resolver las causas de la injusticia.
Tosh incomodaba al poder por sus convicciones, no temió a la represión, que la sufrió en carne propia, cuestionó a las instituciones, las leyes y las relaciones de poder que lo mantenían vigente.
Esto lo transformó en un enemigo del establishment y por consiguiente fue perseguido, y finalmente asesinado en su propia casa un 11 de septiembre, una fecha bastante particular para Chile y el mundo.
Revisitar algunas de sus canciones y posiciones permite entender por qué su legado sigue siendo algo más que una referencia histórica del reggae, fue un profeta de esta época.
Paz sin justicia: una pregunta que sigue pendiente
En su aclamado álbum Equal Rights, publicado en 1977, Tosh puso en el centro una contradicción que atraviesa numerosos conflictos políticos: la distancia entre pedir paz y garantizar justicia.
La frase “Everyone is crying out for peace/None is crying out for justice”(Todos claman por paz, nadie clama por justicia) resume una crítica a quienes reclaman tranquilidad sin asumir la misma urgencia frente a los derechos vulnerados.
En 2026, esa tensión aparece en los llamados internacionales a detener las guerras, proteger a la población civil y alcanzar acuerdos. Los ceses al fuego pueden ser indispensables, pero no responden por sí solos a preguntas sobre ocupación, desplazamiento, reparación, responsabilidades y derechos.
La paz es necesaria, pero el problema surge cuando se presenta como una solución completa y se pide a las víctimas que acepten el silencio antes de que exista justicia.
Chile: Piden paz, pero no justicia
Esta situación puede trasladarse a Chile. A siete años del estallido social, la UDI, RN, Evópoli, el Partido Republicano, Demócratas y el Partido Cristiano de Chile firmaron una declaración conjunta titulada “Chile sin violencia: un compromiso con la paz”.
En el texto condenan la violencia del estallido y afirman que “no hay causa que justifique la violencia”, no obstante ninguno de esos grupos políticos ha condenado explícitamente el golpe de Estado de 1973, ni las violaciones a los derechos humanos ocurridos en ese oscuro periodo, menos aún, las que ocurrieron justamente hace 7 años durante las masivas protestas, con personas fallecidas, otras cientos con graves daños oculares y muchas lesionadas de diversa consideración por la acción de agentes del Estado.
Existen diversas interpretaciones sobre el estallido, pero la mayor parte se entiende como una reacción masiva y espontánea de rabia ante las severas desigualdades que existen en Chile, país en el que el 1 por ciento más rico concentra más del 30% de los ingresos.
De hecho, la propia OCDE relaciona el malestar social de 2019 con brechas persistentes en oportunidades, servicios públicos y protección social.
Por lo mismo, la frase principal de la canción “I don’t want no peace, I need equal rights and justice” (No quiero paz, necesito igualdad de derechos y justicia) tiene total sentido en el Chile de hoy, porque, en el fondo, mientras no exista igualdad y justicia, la paz será solo una esperanza vacía.
Cannabis: de la criminalización a la discusión sobre justicia
En 1976, Tosh publicó Legalize It, un álbum que convirtió la defensa del cannabis en una declaración política.
En una época en que su postura podía provocar censura y persecución, el músico cuestionó que una planta fuera tratada como un problema criminal y defendió la libertad frente a una política prohibicionista.
No solo eso, defendió los beneficios de la planta, como lo hace en “Bush Doctor”, cuando los estudios de la planta escaseaban y que el tiempo y la ciencia ha ido confirmando, todo esto en medio de un contexto internacional de la denominado “Guerra contra las Drogas” instaurada por el presidente de EEUU, Richard Nixon en 1971. Sin duda, un adelantado a sus tiempos.
Cincuenta años después, el debate ha cambiado, pero no está resuelto. Diversos países han reformado sus leyes, mientras otros mantienen sanciones penales o restricciones severas.
En Estados Unidos, por ejemplo, la reclasificación federal de determinados productos de cannabis medicinal en abril de 2026 no equivalió a una legalización general de la marihuana. El panorama sigue siendo desigual.
La pregunta de Tosh continúa siendo pertinente: ¿quiénes soportan las consecuencias de la prohibición y quiénes pueden beneficiarse cuando el cannabis se transforma en un mercado legal?
La discusión no se limita a permitir o prohibir su consumo, también incluye antecedentes penales, acceso a licencias comerciales, regulación, salud pública y reparación para comunidades afectadas por décadas de persecución.
Fe, identidad y libertad frente a las instituciones
La espiritualidad rastafari fue una parte central de la visión de Tosh. Su crítica no se dirigía únicamente a una ley o a un gobierno: también cuestionaba las estructuras que pretenden imponer una única manera de entender la identidad, la cultura y la relación con lo divino.
Esa postura permite leer su legado en un contexto donde algunos liderazgos políticos invocan la religión para legitimar exclusiones, restringir derechos o dividir a la sociedad entre quienes merecen pertenecer y quienes quedan fuera. El problema no es la fe de las personas, sino su utilización como instrumento de control cuando se convierte en una justificación para negar la dignidad de otros.
Su defensa de la identidad africana también debe entenderse en su contexto rastafari y panafricano. En canciones como African, Tosh abordó una identidad que no podía reducirse a las fronteras trazadas por el colonialismo ni a las separaciones impuestas por la esclavitud y la diáspora.
“Don’t care where you come from/As long as you’re a black man/You’re an African” (No importa de dónde vienes/Mientras seas un hombre negro/eres africano) muestra un mensaje claro y directo.
De hecho, solo hace unas semanas el pueblo tribal afrodescendiente chileno acudió a la Corte Interamericana de Derechos Humanos para denunciar las vulneraciones en las que ha incurrido el Estado.
Pueblo afrodescendiente acusa a Chile por discriminación ante la Corte IDH
No se trata de afirmar que Tosh anticipó estas discusiones actuales, sino de reconocer que identificó conflictos estructurales que siguen presentes.
Su música insistía en que la identidad no es una etiqueta concedida desde el poder y que la historia no puede entenderse únicamente desde la perspectiva de quienes dominaron.
Una voz que todavía incomoda
En 2026, Peter Tosh cumpliría 82 años. También se cumplen cinco décadas de Legalize It, el álbum que convirtió una demanda política en una de las declaraciones más reconocibles de su carrera. Ambas fechas invitan a revisar un legado que abarca mucho más que una sola canción.
Equal Rights obliga a preguntar qué justicia sostiene la paz y su defensa de la identidad africana abre una conversación sobre colonialismo, racismo y memoria; su relación con la espiritualidad rastafari cuestiona el uso de las instituciones para controlar la conciencia.
Y su resistencia frente a la autoridad recuerda que la libertad pierde sentido cuando solo se permite dentro de los límites que el poder considera cómodos.
Su legado permanece vigente no porque el mundo sea exactamente el mismo que conoció, sino porque algunas de sus contradicciones no han desaparecido.
Mientras se siga reclamando paz sin hablar de justicia, libertad sin igualdad o democracia sin memoria, Peter Tosh seguirá teniendo algo que decir.

















